domingo, 9 de diciembre de 2012

Reflexión Domingo 9 de Diciembre, 2012


Agradece

Estad siempre gozosos. Orad sin cesar.  Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.
1 Tesalonicenses 5:16-18

Hoy en la iglesia celebramos una de las tradiciones que más disfruto: el culto de acción de gracias. Me encantó ver que en medio de los hermanos que pasaron a testificar también había jóvenes con corazones muy agradecidos.
Pasar adelante y testificar públicamente de lo que Dios ha hecho en tu vida es una buena manera de agradecer (una muy atrevida debo agregar). Agradecer a Dios a través de la oración probablemente sea otra de las maneras más comunes de hacerlo.  Pero, ¿de qué otras maneras podemos ser agradecidos?  Aquí te dejo algunas ideas:

1.    Mantén un diario de agradecimiento. Finalizar tu día escribiendo cosas por las que agradeces a Dios ese día en específico es una práctica efectiva. Te ayudará a enfocarte en lo positivo más que en lo negativo y podrás mantener un corazón agradecido todos los días.

2.   Escribe una carta de agradecimiento. ¿Hay alguien que ha tenido una influencia positiva y duradera en tu vida? Agradécele y escríbele una carta. O, más modernizado, mándale un e-mail o déjale un mensaje por Facebook.

3.   Haz uso del factor S (servicio). Busca maneras creativas de mostrar agradecimiento a aquellos que te bendicen con su servicio. ¿Agradecido con tu mamá por todas sus ricas comidas? Levántate un día temprano y prepárale el desayuno.  ¿Agradecido con tu papá por todos los jalones o por prestarte el carro? Lávale el carro a manera de agradecimiento.  ¿Agradecido con algún maestro? Ofrécete a borrarle la pizarra.

4.   Comparte con otros tus bendiciones. ¿Agradecido por la abundante comida, ropa, o aún el dinero? Compártelo con otros que no tienen en abundancia. Destina un porcentaje de tu dinero para apoyar un ministerio o revisa tu closet y regala de tu ropa en buen estado a alguien que lo necesite más que tu.

5.   No te dejes por fuera. En otras palabras, agradécete a ti mismo. No se trata de ser orgullosos o egoístas. Reconoce la labor de Dios en tu vida pero también reconoce la parte que tú haces (por ejemplo, Dios te da la sabiduría para estudiar, pero eres tu el que al final decide o no estudiar). Concédete un momento para disfrutar una labor bien hecha y si puedes prémiate a ti mismo (yo solía comprarme un chocolate después de una larga jornada de estudio o luego de asear mi cuarto). Sé que suena raro, pero te ayuda a mantenerte motivado y le hace bien a la autoestima.

Dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Efesios 5:20

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